Científicas chilenas expusieron en el mayor congreso mundial de inmunología de mucosas

Un equipo del Centro Ciencia & Vida presentó evidencia de este tránsito celular en el congreso científico más relevante del mundo en inmunología de mucosas, realizado este año en Canadá.
Carolina Prado Terrazas, investigadora asociada del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS) y académica de la Universidad San Sebastián, encabezó la delegación chilena junto a la estudiante de doctorado Camila Sandoval.
Células inmunes que se originan en el intestino pueden viajar hasta el cerebro y modificar su comportamiento según el estado de salud de la mucosa intestinal. En modelos animales, estas células migran desde un intestino sano en estado antiinflamatorio, mientras que en contextos de inflamación intestinal crónica llegan al sistema nervioso central ya reprogramadas hacia un perfil proinflamatorio.
Carolina Prado, investigadora asociada del Centro Ciencia & Vida (FCV-USS) y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad San Sebastián, presentó estos resultados en el International Congress of Mucosal Immunology (ICMI2026) realizado este año en Canadá. El encuentro reúne cada dos años a la comunidad científica mundial especializada en inmunidad de mucosas.
El congreso alterna sedes entre Norteamérica, Europa y el resto del mundo. La edición anterior se realizó en Dinamarca y la próxima está prevista a desarrollarse en Japón. Prado trabaja en neuroinmunología, un área distinta a la inmunología de mucosas clásica, pero su presencia se explica por la creciente evidencia sobre el rol del intestino en enfermedades autoinmunes del sistema nervioso central.
Durante años se asumió que los sistemas digestivo, nervioso e inmune operaban de forma independiente. Esa premisa cambió con la consolidación del eje intestino-cerebro, el marco que explica cómo la actividad intestinal repercute sobre el funcionamiento cerebral. “Hace muchos años se creía que los sistemas actúan independiente, el digestivo, el nervioso, el inmune; ahora se sabe que todos los sistemas interactúan entre ellos”, explica la Dra. Prado.
Un mapa celular del intestino
El hallazgo central de la investigación de Carolina Prado y su equipo describe cómo células inmunes del intestino emigran hacia el sistema nervioso central y cambian su comportamiento dependiendo de las bacterias presentes en el intestino. El estudio, titulado “Microbiota-Dependent Licensing of Colonic T Cells for CNS Trafficking”, fue expuesto bajo la ponencia “Neuro-immune interactions”.
Para rastrear ese tránsito, el equipo recurrió a modelos experimentales que permiten seguir el recorrido celular con precisión, ya que el análisis directo del cerebro humano no es una opción viable para este tipo de estudio. La técnica consiste en marcar con un color específico, y distinto al resto de las células del animal, únicamente las células de origen intestinal.
Ese marcaje funciona como una etiqueta biológica que delata el origen intestinal de cada célula observada en el cerebro. “Al modelo le marcamos de un color las células del intestino, que es completamente distinto al color de todo el resto de las células; si después analizo el cerebro y encuentro células de ese color, es porque venían del intestino”, cuenta Prado.
El procedimiento permite reconstruir no solo el recorrido físico de las células, sino también los cambios en su estado funcional. Los experimentos mostraron que en el modelo murino de esclerosis múltiple, los cambios en las bacterias del intestino, promueven un cambio de comportamiento que es, para la investigadora, el dato más relevante del trabajo.
“En esta enfermedad autoinmune, las células inmunes del intestino pasan de ser células que son muy antiinflamatorias, que están ahí como en reposo, a ser unas células altamente inflamatorias que producen citoquinas que promueven esta degeneración o inflamación en el sistema nervioso central”, señala.
Terapias complementarias
El modelo de enfermedad utilizado en la investigación es la esclerosis múltiple, una patología autoinmune en la que el sistema inmune deja de reconocer componentes propios del organismo y los ataca. Ese error de reconocimiento es común a otras enfermedades con componente autoinmune, entre ellas el párkinson y el alzhéimer.
La Dra. Prado sostiene que los hallazgos de su equipo son extrapolables a ese grupo de enfermedades, aunque cada una requiere una evaluación propia de los mecanismos y las células involucradas. “Es súper extrapolable porque en distintas enfermedades como el párkinson, el alzheimer o la esclerosis múltiple, que es el centro de mi investigación, se ha visto que este componente inmune está relacionado con cambios en la microbiota intestinal”, afirma la investigadora.
La esclerosis múltiple no tiene cura, por lo que la investigadora enmarca su trabajo como un aporte a terapias complementarias y no como un reemplazo de los tratamientos existentes. Su equipo estudia en particular el mecanismo por el cual el metabolismo intestinal incide en el tráfico de células hacia el cerebro.
Un estudio previo, citado por la Dra. Prado durante su presentación, mostró que aumentar el consumo de fibra dietética –que actúa de forma similar a un probiótico– modula el sistema inmune intestinal y reduce el número de recaídas en pacientes con la enfermedad.
Ese tipo de intervención resulta clínicamente atractiva porque no requiere procedimientos invasivos. “No es que vayamos a dejar de lado las terapias actuales existentes, sino que planteamos que entender lo que está ocurriendo en el intestino puede ayudar a complementar las terapias que ya existen”, agrega la científica.
Ciencia chilena en el ICMI2026
La delegación chilena en el ICMI2026 estuvo compuesta por tres personas, entre ellas Camila Sandoval, estudiante de Doctorado en Biología Celulary Biomedicina de la Universidad San Sebastián y la única alumna presente en la edición de este año. La Dra. Prado la incentivó a postular y a participar. Para Prado, la diferencia con la edición anterior –realizada en Dinamarca, donde asistieron dos jefas de laboratorio chilenas– marca un hito para el campo.
“Este año estoy súper contenta porque fuimos con una alumna de doctorado; es súper bueno para su visibilidad y para que tenga contacto con investigadores de muy buen nivel”, comenta.
La investigadora enmarca la experiencia como una forma de compensar una limitación estructural del sistema científico chileno: el acceso restringido a tecnología de punta. Congresos como el ICMI2026, dice, permiten tender redes que después se traducen en colaboraciones concretas. Esas alianzas pueden traducirse en el envío de estudiantes a laboratorios extranjeros o en el acceso a tecnología que no está disponible en Chile, remarca la académica de la USS.
La especialista subraya que impulsar la formación temprana de científicas jóvenes es clave, porque las oportunidades de exhibir resultados en instancias internacionales suelen concentrarse en etapas avanzadas de la carrera. “La meta es impulsar a los alumnos a salir y visibilizar su trabajo desde un principio, antes de que sea demasiado tarde para construir una proyección global”, concluye.
Texto por Luis Francisco Sandoval, Agencia S&M Comunicaciones.

