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Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia: historias reales, ciencia con impacto

  • 7 days ago
  • 2 min read

Una conmemoración para reconocer aportes, derribar barreras y compartir testimonios que conectan curiosidad, formación y perseverancia en ciencia.


Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha impulsada por Naciones Unidas para visibilizar el aporte de las mujeres al conocimiento y, al mismo tiempo, relevar los desafíos persistentes para alcanzar una participación plena e igualitaria en la investigación, la innovación y las disciplinas STEM.


Más que una efeméride, esta conmemoración funciona como un recordatorio: el talento científico existe en todas partes, pero las oportunidades no siempre llegan con la misma fuerza, ni a la misma edad, ni para todas.


En el Centro Ciencia & Vida (Fundación Ciencia & Vida - Universidad San Sebastián) esta conmemoración cobra especial sentido porque se enlaza con historias concretas y cercanas: las de mujeres científicas y estudiantes que hoy empujan fronteras del conocimiento desde sus laboratorios, aulas y equipos de trabajo. Los voces visibilizadas en el marco del 11F recogen testimonios que, desde distintos momentos de la trayectoria científica, muestran algo en común: la vocación no aparece por arte de magia; se construye con experiencias, referentes y condiciones que permiten sostenerla en el tiempo.


En su testimonio, por ejemplo, la Dra. Alejandra Loyola subraya el valor del contacto temprano con la investigación y de ver a científicas en acción. Ese “acercamiento”, ya sea en la escuela o en la adolescencia, puede ser decisivo para que una niña se imagine a sí misma en ciencia. La Dra. Fabiola Osorio, por su parte, pone el acento en cómo un aprendizaje específico puede abrir una puerta: un curso, un concepto o una pregunta que “hace clic” y transforma la curiosidad en proyecto de vida. La tesista Daniela Malavé, en tanto, conecta vocación con propósito: elegir ciencia también puede ser una respuesta ética y emocional ante experiencias personales, como enfrentar de cerca una enfermedad, orientando ese impulso hacia el desarrollo de terapias y soluciones con impacto real.


La investigadora Valentina Ugalde recuerda que muchas trayectorias parten de una chispa: descubrir el ADN, la biología molecular o la belleza de un proceso invisible puede encender una pasión que luego se vuelve disciplina, estudio y trabajo riguroso. Y finalmente el testimonio de Ornella Chovar, investigadora y estudiante de doctorado USS, suma una dimensión imprescindible: la ciencia se hace en la vida real. Compatibilizar investigación con maternidad y cuidados, sostener la motivación en medio de exigencias y tiempos acotados, además de perseverar cuando el camino se vuelve desafiante, también forman parte de la experiencia científica y deben ser reconocidos.


Conmemorar el 11 de febrero, entonces, es reafirmar un compromiso institucional: promover entornos formativos y de investigación que amplíen oportunidades, visibilicen referentes, fortalezcan redes y reduzcan barreras -explícitas e implícitas- que aún limitan la participación de niñas y mujeres en STEM. Porque cuando más niñas se sienten convocadas, acompañadas y valoradas, la ciencia no solo se vuelve más justa: se vuelve mejor, más diversa y más capaz de responder a los desafíos de nuestro tiempo.


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