Estudio chileno demuestra que una vacuna personalizada activa respuesta inmune intensa contra tumores sólidos
- Feb 27
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Investigadores del Centro Ciencia & Vida observaron reducciones significativas del crecimiento tumoral tras aplicar una terapia experimental que combina inmunización con ADN y péptidos en modelos preclínicos.
El enfoque busca entrenar al sistema inmune para reconocer mutaciones exclusivas de las células cancerosas, ademas de maximizar la cantidad y especificidad de las células del sistema inmune, explico el Dr. Álvaro Lladser.
Un estudio experimental realizado por científicos chilenos demostró que una vacuna personalizada basada en mutaciones tumorales puede generar respuestas inmunes excepcionalmente altas y efectos terapéuticos contra distintos tipos de cáncer, al combinar una vacuna basada en ADN con un refuerzo posterior de péptidos.
La estrategia, evaluada en modelos preclínicos en laboratorio, logró activar de forma robusta a las células T específicas contra neoantígenos –mutaciones propias de las células cancerígenas– y reducir el crecimiento de tumores ya establecidos y eliminarlos completamente en cerca de un 50% de los casos.
Los resultados del trabajo, que se efectuó en el Centro Ciencia & Vida, de la la Fundación Ciencia & Vida - Universidad San Sebastián (FCV-USS), fueron publicados en la revista científica Oncoimmunology y aportan evidencia relevante para el desarrollo de vacunas personalizadas contra el cáncer, una de las líneas emergentes de la inmunoterapia oncológica. El artículo muestra que la combinación secuencial de plataformas de vacunación puede generar respuestas inmunes más potentes que las estrategias usadas de forma aislada, un desafío central en este campo.
“Nosotros probamos distintas estrategias para hacer este tipo de vacunas contra neoantígenos. Encontramos que la combinación de dos estrategias distintas puede crear una respuesta muy robusta. Inmunizando primero con ADN y después un refuerzo con péptidos, se puede generar niveles muy altos de linfocitos T para estos neoantígenos, los que pueden eliminar a las células cancerosas de forma muy específica”, explicó el Dr. Álvaro Lladser, director del Centro Ciencia & Vida y autor principal del estudio.
Tras la vacunación combinada, se observaron niveles altos de linfocitos T específicos contra el tumor, un tipo de célula clave para la eliminación de células cancerosas. En los modelos analizados, cerca del 20% de todos los linfocitos T circulantes reconocían directamente los neoantígenos incluidos en la vacuna, lo que sugiere no solo una activación robusta del sistema inmune, sino también la posibilidad de generar memoria inmunológica y una protección más duradera frente al crecimiento tumoral.
Además de medir la respuesta inmune, el estudio donde también participó el investigador Pablo Morgado evaluó los efectos terapéuticos de la estrategia en distintos modelos preclínicos de cáncer, incluyendo cáncer colorrectal, linfoma y melanoma. En todos los casos se observaron reducciones del tamaño tumoral y la eliminación completa de tumores ya establecidos.
Los autores subrayan que se trata de resultados obtenidos en modelos experimentales y que aún se requiere más investigación antes de cualquier aplicación clínica, pero destacan que los datos entregan evidencia consistente sobre cómo optimizar el diseño de vacunas personalizadas contra el cáncer.
Cómo mejorar el diseño de vacunas
La estrategia evaluada se basa en los llamados neoantígenos, mutaciones que aparecen en las proteínas de las células cancerosas y que las diferencian de las células sanas. A diferencia de otros blancos terapéuticos, estos marcadores están presentes únicamente en el tumor, lo que permite al sistema inmune distinguir con mayor precisión qué células debe atacar. El objetivo de la vacuna es “enseñar” a las células T a identificar estas señales y activar una respuesta dirigida contra el cáncer.
“El sistema inmune está diseñado para no atacar a las células propias, por lo que a veces le cuesta destruir a las células cancerosas. Sin embargo, estas mutaciones hacen que la célula tumoral sea distinta y, por lo tanto, más fácil de detectar y eliminar”, explicó el Dr. Lladser.
Este principio es la base de las vacunas personalizadas, una línea de investigación que ha ganado fuerza en los últimos años gracias a los avances en secuenciación genética. Identificar las mutaciones específicas de cada tumor permite diseñar las dosis ajustadas a cada caso, con el objetivo de maximizar la especificidad de la respuesta inmunológica y reducir efectos no deseados.
“Encontramos que además de generar niveles altos de estos linfocitos T, esta estrategia de inmunización puede generar memoria, lo que nos podría dar una protección a largo plazo”.
Además de la activación del sistema inmune, la investigación evaluó el impacto directo sobre tumores ya establecidos.
En modelos de cáncer colorrectal, linfoma y melanoma, los investigadores observaron reducciones significativas del crecimiento tumoral y la eliminación completa del tumor en cerca del 50% de los casos. Aunque los autores enfatizan que se trata de resultados obtenidos en modelos experimentales, destacan que los datos aportan evidencia consistente sobre cómo mejorar el diseño de inmunizaciones personalizadas contra el cáncer y potenciar su efecto terapéutico.
El orden de la vacunación como factor clave
Uno de los aspectos relevantes del trabajo experimental fue constatar que no todas las combinaciones de vacunas generan el mismo efecto, y que el orden en que se administran las plataformas de inmunización resulta determinante. El equipo comparó esquemas basados únicamente en ADN, únicamente en péptidos, combinaciones repetidas y secuencias inversas, observando diferencias sustantivas en la respuesta inmunológica.
La estrategia que mostró mejores resultados fue la administración inicial de la vacuna basada en ADN, seguida posteriormente por el refuerzo con péptidos. Este orden permitió alcanzar niveles más altos y sostenidos de activación de linfocitos T específicos contra el tumor, superando a las demás alternativas evaluadas. “Cada una de estas estrategias funcionaba bien en forma individual, pero encontramos que si usamos este orden preciso, primero ADN y después péptido, la respuesta es mucho más alta”, subrayó el Dr. Lladser.
Aunque los investigadores aún no identifican completamente los mecanismos biológicos que explican esta diferencia, los resultados entregan una señal para el diseño futuro de vacunas contra el cáncer. Más que sumar componentes, la secuencia de inmunización puede definir la magnitud y eficacia de la respuesta inmune.
Complemento a otras terapias
El estudio también exploró el potencial de esta vacuna como complemento de otras inmunoterapias, particularmente los inhibidores de puntos de control inmunológico, conocidos como “checkpoint inhibitors” (fármacos usados en inmunoterapia contra el cáncer que ayudan al sistema inmune a activar sus defensas contra las células tumorales). Estos tratamientos han transformado el manejo de varios tipos de cáncer, pero no todos los pacientes responden de manera efectiva.
Según los investigadores, una de las razones de esta falta de respuesta es la ausencia de una respuesta inmune previa suficientemente robusta. En ese contexto, la vacuna podría cumplir un rol clave al generar una base de linfocitos T específicos que luego puedan ser potenciados por otras terapias.
En este sentido, se trataría de estrategias complementarias y no excluyentes, según el director del Centro Ciencia & Vida. “Hay muchos pacientes que no responden a los anticuerpos anti-PD-1 o anti-CTLA-4 porque no presentan una respuesta inmune suficientemente fuerte, y esta vacuna puede ayudar a generar esa respuesta inicial”.
Este enfoque abre la posibilidad de integrar vacunas personalizadas dentro de esquemas terapéuticos combinados, apuntando a mejorar la eficacia global del tratamiento oncológico, especialmente en pacientes con tumores poco inmunogénicos.
Los autores advierten los resultados corresponder a un hallazgo experimental realizado en modelos preclínicos y que aún se requiere avanzar en nuevas etapas de investigación antes de evaluar aplicaciones clínicas en humanos. Sin embargo, destacan que el principal aporte del trabajo es en el diseño de vacunas más eficaces, qué plataformas combinar y en qué orden aplicarlas para maximizar la respuesta del sistema inmune.
Diversos organismos internacionales han destacado el rol creciente de la inmunoterapia en el tratamiento del cáncer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que estas estrategias representan uno de los avances más relevantes de las últimas décadas, al permitir tratamientos más dirigidos y potencialmente más efectivos que las terapias tradicionales.
En la misma línea, agencias regulatorias como la FDA han aprobado en los últimos años un número creciente de terapias inmunológicas, reflejando un cambio de paradigma en oncología. En este contexto, investigaciones como la desarrollada por el equipo chileno aportan evidencia clave para avanzar hacia tratamientos más personalizados, capaces de entrenar al sistema inmune para reconocer y atacar de manera precisa, un enfoque que podría redefinir el manejo del cáncer en el futuro.
Texto por Luis Francisco Sandoval, Agencia S&M Comunicaciones.


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