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Estudio revela cómo el lupus puede afectar la memoria y el metabolismo

  • Mar 16
  • 3 min read

La investigación del Dr. González de la Rosa aporta nuevas pistas sobre el origen de la “niebla lúpica” y abre posibles rutas para futuros tratamientos.


Un proyecto liderado por el Dr. Alfonso González de la Rosa, investigador principal del Centro Ciencia & Vida y profesor titular de la Universidad San Sebastián, entregó nuevos antecedentes sobre la manera en que el lupus eritematoso sistémico (LES) puede afectar el cerebro y alterar funciones metabólicas, abriendo además posibles caminos para futuras estrategias terapéuticas.


El lupus es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmune, en lugar de defender al organismo solo de agentes externos como virus o bacterias, comienza a atacar tejidos propios. En algunos pacientes, este proceso puede comprometer al sistema nervioso y provocar problemas de memoria, dificultades cognitivas e incluso síntomas psiquiátricos. Entre quienes viven con la enfermedad, estas manifestaciones suelen describirse como “niebla lúpica”, una sensación persistente de confusión, olvidos y dificultad para concentrarse que impacta la vida diaria.


Con el objetivo de entender mejor este fenómeno, el equipo estudió un tipo específico de autoanticuerpos llamados anti-proteínas P (anti-P), presentes en algunos pacientes con lupus. El trabajo se centró en cómo estos anticuerpos interactúan con una proteína llamada NSPA, ubicada en la superficie de neuronas en distintas regiones del cerebro.


Los resultados mostraron que estos autoanticuerpos pueden alterar la comunicación entre neuronas, especialmente en el hipocampo, una zona cerebral clave para la memoria. A través de modelos experimentales los investigadores observaron que los anticuerpos reducen la cantidad de receptores fundamentales para la transmisión de señales nerviosas y modifican la estructura de las sinapsis, las conexiones que permiten el intercambio de información entre neuronas. Ese daño se tradujo en un deterioro de la memoria espacial.

La investigación también detectó otros efectos relevantes: menor formación de nuevas neuronas, pérdida de algunas células nerviosas y activación de la microglía, un tipo de célula inmune del cerebro que participa en respuestas inflamatorias. En conjunto, estos cambios muestran que la acción de los autoanticuerpos puede comprometer tanto la estructura como el funcionamiento cerebral.


“Este estudio nos permitió avanzar en la comprensión de cómo ciertos autoanticuerpos presentes en el lupus pueden afectar funciones tan complejas como la memoria y también procesos metabólicos. Estos hallazgos no solo aportan nuevo conocimiento sobre la enfermedad, sino que además abren oportunidades para explorar futuros blancos terapéuticos que puedan mejorar la calidad de vida de los pacientes”, señaló el Dr. Alfonso González de la Rosa.

Uno de los hallazgos más relevantes fue la identificación de una enzima llamada PTPMEG, cuya actividad aumenta en presencia de estos anticuerpos y que podría estar involucrada en la pérdida de receptores neuronales en la sinapsis. Según plantea el trabajo dirigido por el Dr. González de la Rosa, esta enzima podría transformarse en un posible blanco terapéutico, al igual que la microglía, para intentar frenar o reducir el daño neurológico asociado al lupus.

 

Pero los resultados no se limitaron al cerebro. El equipo liderado por el investigador principal del Centro Basal Ciencia & Vida, de la Fundación Ciencia & Vida - Universidad San Sebastián, también descubrió que la proteína NSPA tendría un rol importante en el hipotálamo, región cerebral que regula funciones metabólicas. En modelos experimentales, la ausencia de esta proteína se asoció a cambios en el peso corporal, alteraciones en el metabolismo de la glucosa y mayor acumulación de grasa. Esto sugiere que los anticuerpos anti-P podrían estar relacionados no solo con problemas cognitivos, sino también con alteraciones metabólicas observadas en personas con lupus.


El proyecto también exploró compuestos con potencial terapéutico como la curcumina, que mostró efectos protectores frente al daño neuronal provocado por una entrada excesiva de calcio, inducida por estos anticuerpos. A eso se suman los resultados obtenidos con galectina-8, una proteína que también exhibió propiedades neuroprotectoras.

En una línea adicional, el estudio observó que los anticuerpos anti-P también pueden afectar células cancerosas, un hallazgo que abre una veta de investigación novedosa sobre su eventual uso en terapias contra el cáncer o en estrategias para modular sus efectos según el contexto biológico.


En conjunto, los hallazgos permiten comprender mejor cómo ciertos autoanticuerpos pueden incidir en síntomas neurológicos y metabólicos del lupus, y aportan nuevas pistas para pensar futuros tratamientos orientados a mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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